¿Has visto una colmena?

¿Has visto alguna vez una colmena? Es asombroso ver como miles de abejas trabajan coordinadamente para producir miel. A medida que te acercas a ella, se escucha ese zumbido entusiasta que ellas producen mientras llevan a cabo las diferentes tareas necesarias para mantenerla viva. Es responsabilidad de las trabajadoras recoger el néctar y vigilar la colmena. Le corresponde a las más jóvenes mantenerla en buen estado, alimentar las larvas y ayudar en otras tareas domésticas. Nunca hay “tiempos muertos” en la activa vida de una abeja.

La vida que nosotros compartimos, se asemeja mucho a la de una colmena. Nos gusta hacer las cosas juntos. Nos reunimos dos veces al día para dar gracias a nuestro Maestro Yashua* por su salvación y para escucharle a través de nuestros amigos. Estas reuniones mantienen vivo el amor y el cuidado genuino que tenemos unos por los otros. Mientras trabajamos tenemos oportunidades para rechazar voluntariamente el egoísmo y el orgullo que pueden separarnos y apagar nuestro amor. Trabajamos juntos para realizar las tareas sencillas y necesarias para mantener nuestra vida familiar.

Los niños son parte vital de esta colmena particular. Nuestra vida no es una aburrida rutina de tareas porque tiene un ingrediente esencial: el calor de una amistad que es el producto de una dulce comunión entre amigos que se hablan con sinceridad. Sin embargo, hay algo que diferencia nuestra vida de la de una colmena: no somos guiados por instinctos. Elegimos la unidad en lugar de la indiviualidad. Esto no significa que nos aislamos del mundo sino que trabajamos en conjunto para que todo aquel que sienta el deseo en su corazón, pueda formar parte de esta colmena.

Damos la bienvenida a todo aquel que desee conocernos.

 

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