Fascinación

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Nuestro Maestro Yahshúa

El sabía que nadie había sobrevivido a semejante experiencia tan terrible. Como una carrera de obstáculos a través de un desierto, cada barrera, cada obstrucción casi insuperable puso a prueba si ganaría el premio que mantenía en su corazón con fascinación. Cada día que amanecía y cada noche que oscurecía le acercaban más y más. Nada le podía detener -- ni el fuego, ni el agua, ni prueba tras prueba tras prueba tras prueba. Como un hombre trabajando fervientemente para terminar antes de la noche, se apresuro, controlado por su amor hacia algo más precioso que la vida misma.

¿Que fue? ¿Riqueza? ¿Fama? ¿Poder? ¿Placer? ¿Fueron estas las que demandaban la energía de su corazón? ¿O era algo más profundo, duradero, algo vivo y eterno? Tenia que ser. Pues el sabia, como siempre se ha sabido, una vez esta vida sobre la tierra se acaba, enfrentamos una era tan larga que ninguno, ni siquiera el más sabio entre nosotros, puede comprender más que una parte diminuta de ella. Aquí vivimos estos cortos y pocos anos que determinan donde estaremos por siempre. Si pudiese completar la prueba, correr la carrera, entonces no estaría solo. Otros le seguirían, otros como el que estarían con el en ese futuro sin final.

Durante el ultimo día enfrento su obstáculo final. La muerte misma vino a probarle. Como un chivo expiatorio abrumado por aquellos ansiosos por echar sus pecados sobre el, atravesó una sarta de improperios por parte de su propio pueblo, una multitud alineada en las calles, lanzando abusos, burla y maldiciones. Después de eso vino una segunda tortura más temible. Todos sus enemigos espirituales se habían reunido y formado una sarta de improperios también: dos filas largas de bestias salvajes armadas con varas largas, golpeándole la espalda al pasar por ellos -- para quebrantar su espíritu, para hacer que se rindiera, para llevarlo a sus rodillas, al suelo y entonces a la muerte.

Como el chivo expiatorio perdido por el desierto hasta que la sed, el hambre o fieras lo mataran, el tomo los pecados del mundo entero y se los llevo lejos dentro a las tinieblas ardientes en el centro de la tierra. En ese lugar inhóspito terminó la prueba agonizante. En un agitado mar de sulfuro volcánico y lava recibió la tempestad de la ira pura del Cielo contra el pecado. Como una victima indefensa ahogándose en la inundación, el experimento un sufrimiento demasiado intenso imposible de comprender. Un océano de dolor y vergüenza, de lesiones incurables, de vidas arruinadas, de corrupción, perversidad y depravación, todo fue pagado, un crimen a la vez, en esa eternidad breve de tres días y tres noches. Finalmente se consumo!

¿Que le dio la fuerza para continuar? Amor, por supuesto; solamente el amor le da a uno la fuerza para permanecer. ¿Pero que no había algo más? ¿Algo que había capturado su corazón y era el centro de toda su atención? ¿Qué le habría fascinado tanto? ¿Quienes?

Solamente aquellos que le seguirían, como una novia desposada para él, eran la razón por la cual se sintió obligado a morir. Los quería salvar de una horrible agonía, de la muerte eterna. Sabía que una vez que ellos escucharan acerca de lo que él había hecho por ellos, responderían a su amor con la misma fascinación que el sintió hacia ellos. Con gusto dejarían todo por el: familia, carrera, riquezas, ambiciones, sueños, confortes y hasta sus vidas mismas e intereses. Este sacrificio, de parte de ellos, vendría de sus respuestas genuinas a su sacrificio, y produciría una nueva nación de doce tribus. Aunque su agonía fue consumada, la de ella esta por venir. A través de todo el labor que tiene que ocurrir, ella no se desanimará, porque el es su fascinación.