¿Qué son los Tres Destinos Eternos?

Los depravados

…Se entregan a cometer degradantes actos de inmoralidad. Utilizan y abusan de otros vilmente, para satisfacer su apetito de placer y autoindulgencia.

Los injustos

… Practican la mentira, el engaño, son avaros, glotones, vagos, deshonestos y difamadores. Persiguen su propio bienestar y comodidad, se aprovechan del sufrimiento de otros. Como un abogado mentiroso que se gana la vida defendiendo al culpable, o un juez injusto que condena al inocente, o un periodista que hace su carrera publicando mentiras… Aunque hay diferencias entre los depravados y los injustos, ambos aman y practican obras que violan la ley de la conciencia. Su destino eterno es el lago de fuego.

Los justos

…Son gente honrada. Se caracterizan por su fidelidad en todas sus relaciones, son diligentes en su trabajo, y amables con los que se encuentran en la vida. Aunque no sean perfectos, se esfuerzan en hacer el bien que saben en sus conciencias que deben de hacer, incluso cuando les cuesta el rechazo de otros, o les crea dificultades.

La fuerza del mal es como la corriente de un río, contra la que cuesta un gran esfuerzo nadar.

Ir contra la corriente del mal en la sociedad es una verdadera lucha, pero el justo usa su voluntad para vencer las tendencias de su naturaleza caída.

Su destino eterno es una segunda vida eterna en las naciones que existirán en la edad eterna.

Los santos

…Son un pueblo puesto aparte.

Con su muerte, el Hijo de Dios, Yahshua, abrió el camino al árbol de la vida, para que un pueblo pudiese caminar por el mismo sendero que Él caminó.

Los que están cansados de su propio pecado y se angustian ante la sentencia de muerte que merecen, y consideran al Salvador digno de gobernar su vida entera, dejarán todo atrás para seguirle. No dejarán sólo su pecado, sino todo, incluida su familia, carrera y posesiones.

Llegarán a ser un pueblo puesto aparte, con total devoción a su Redentor. Eso es lo que significa ser santo. Llegarán a ser Su Cuerpo en la tierra, visible y tangible, nada místico; viviendo juntos, en unidad y amándose unos a otros como el Mesías les amó.

Su destino eterno es reinar y gobernar con su Maestro Yahshua, el Mesías.