La historia de Jesse Goodman

 “Una vez, hubo un muchacho llamado Juan. El vivía una vida muy hermosa con su familia. El tenía una gran, gran familia, y su padre y madre cuidaban muy bien de todos ellos.

El nombre de su padre era Jesse Goodman. El era conocido en aquella zona rural por causa de su gran familia. Sus hijos e hijas le amaban mucho y querían honrarle con sus vidas.

Los familiares de Juan eran muy cercanos. Hacían todo juntos, contratiamente a otras familias que vivían cada uno por su propia cuenta. Gracias a la unidad de su familia, eran capaces de hacer muchas cosas: construyeron su propio galpón en pocos días, y cultivaban una parcela de tierra baldía rápidamente ya que trabajaban todos juntos.

Muy pronto, todos comenzaron a escuchar hablar de Jesse Goodman. Ocurrió porque la vida de sus hijos reflejaba como era ese hombre.

Un día, el jóven Juan salió de paseo por el camino sobre el que se encontraba el campo de su padre. Allí vió un hombre que descendía por el camino en un carruaje brillante y reluciente. Juan nunca había visto un carruaje así. Podía ver que tenía algo escrito en él y esforzó su vista para ver las palabras a medida que se acercaba el carruaje. Se sorprendió mucho cuando leyo las palabras. Estaba escrito en grandes letras coloradas, “¡Estoy orgulloso de ser parte de la familia de Jesse Goodman!”

“¿Qué quiere decir con esto?...¿Por qué, nunca he visto a este hombre antes?” Juan no sabía que pensar.

A medida que se acercaba el carruaje, Juan pudo ver mas claramente al hombre que lo conducía. Sí, ahora estaba seguro. Nunca había visto a este hombre anteriormente. Estaba vestido con ropas brillantes, estaba muy gordo, y llevaba en el dedo un gran anillo de oro.  La familia de Juan nunca se vestía de esta manera. No era que no pudieran si querían. Pero en verdad tenían cosas mas importantes que hacer con su dinero que gastarlo en vestimentas costosas y carruajes ostentosos.

A medida que el hombre se acercaba a Juan, miró hacia abajo desde su carruaje con una gran sonrisa y meció un orgulloso saludo, con la intención de continuar alegremente su camino. Pero Juan le llamó: ¨Espere. Por avor señor, espere. Necesito hablar con usted.¨

El hombre frenó su carruaje y descendió para hablar con Juan. ¨Dime, hijo mío, que necesitas?¨, preguntó el con una media sonrisa.

Súbitamente, Juan se llenó de un sentimiento que nunca había experimentado antes. Comenzó a sentirse muy pequeño y sin importancia estando allí de pie delante de este hombe tan grande. Se quedó sin habla por un instante al intentar responder. Con dificultad consiguió sacar sus primeras palabras. “¿Qué es este sentimiento?” se preguntaba. “¿Por qué me siento tan poco delante de este hombre?”

Juan forzó sus palabras para salir por sus labios, venciendo el repentino impulso de querer huir y esconderse de este hombre. “Señor, he notado las palabras escritas en su carruaje… Es un carruaje muy vistozo y bonito, señor” dijo, casi tartamudeando.

“Ah, si, ciertamente, es un muy bello carruaje” respondió el hombre con cierta jactancia. “Mi padre me lo regaló, sabes.”

“¿Su padre?” preguntó Juan.

 “Si,mi padre es Jesse Goodman, como dice el letrero. Seguro que haz oído hablar de él… Todos han oído hablar de él.” Continuó sin darle una oportunidad a Juan de responder. “Es un gran padre. Es propietario de grandes rebaños sobre muchas colinas, sabes. Solo tuvo que vender algunos animales y me compró este hermoso carruaje. Él es así, sabes. El dá y dá. Solo tengo que pedir. Ese es mi padre, si señor,Jesse Goodman.”

“Pero, pero, yo mismo soy un hijo de Jesse Goodman” respondió abruptamente Juan mientras este hombre tomaba un segundo para respirar.

“Pues, qué bien oir eso… Esto nos hace hermanos.” Y extendió impulsivamente su mano para sacudir la de Juan.

Juan se retiró un poco para atrás, no dándole su mano. “Pero, pero, eso no puede ser. ¿Como podría usted ser mi hermano puesto que nunca ha estado en nuestra casa? Y cuando vamos todos juntos a trabajar, usted nunca está allí…”

“¿Por qué? Porque  soy un hombre viajero, hijito” interrumpió el hombre, “no me puedo quedar en un lugar por mucho tiempo. Tengo asuntos que atender. Y siempre estoy predicando la buena palabra acerca de Jesse Goodman dondequiera que mi trabajo me guíe.”

Juan, sintiendose con mas confianza, confrontó la respuesta orgullosa de este hombre: “¿Cómo puede usted hacerse llamar un hijo de Jesse Goodman? ¿Cómo puede decir que es mi hermano? Los hermanos de mi familia están juntos.”

“Espera un minuto, hijo” dijo el hombre grande ariscamente, actuando súbitamente muy ofendido, “¿Quieres decir que no me aceptas como tu hermano?”

Juan no pretendía herir a este hombre de ninguna manera. Solo intentaba hacerle ver lo que era evidente: si nunca había estado con la familia de Jesse Goodman, no podía ser su hijo. “Señor, no es que usted no sea bienvenido en nuestra familia, seguro que SÍ es bienvenido. De hecho, muchos han venido a juntarse a nuestra familia. Nos encantaría que venga y se quede con nosotros…por favor, venga.” Juan movió su mano en la dirección en la que se dirijía. “Sí, y tenemos mucho que hacer hoy. Puede venir con nosotros. Estamos limpiando un campo grande TODOS JUNTOS. ¡Venga!”

El gran hombre reluciente dudó frente a la invitación de Juan, y luego respondió abruptamente, “Oh, gracias, gracias de todos modos por tu amabilidad. Pero debo continuar mi camino. Tengo lugares a los que ir y gente que ver. Ese es mi llamado, sabes. Pero intentaré pasar por allí algún día.” Dio un salto rápido dentro de su carruaje. “Debo ocuparme de los asuntos de mi padre”, le dijo desde su carro.

“Bueno, pues de lo que usted habla no se trata de los asuntos de Jesse Goodman. Debe estar hablando de otro padre, porque hoy, SU familia va a estar limpiando el campo grande” replicó al hombre con convicción.

“No me juzgues, hermano” le respondió mientras se ponía en marcha con su reluciente carruaje dejando a Juan en la polvareda.

“Esto es extraño, muy extraño. ¿Quién es este hombre, realmente? ¿Qué quiere decir esto?”pensó Juan mientras se daba la vuelta y se encaminaba al gran campo.

De alguna manera, Juan se sintía entristecido mientras miraba hacia atrás al camino. Solo veía cuan rápido se había desvanecido el polvo dejado por aquel respalndeciente carruaje. “¿Qué querrá decir decir todo eso?”