¿Quién nos hemos creído que somos?

Ya había surgido el movimiento ecologista en los años setenta como resultado de una revolución social. Sus propósitos eran principalmente: denunciar la práctica industrial indiscriminada y destructiva hacia los seres vivos y la naturaleza; promover el reciclaje y el uso de energías renovables; desarrollar la agricultura ecológica y formas de “vida sostenible.” Durante tres décadas, cualquiera que trabajara o abogara por estas causas se le tachaba de hippie o comunista, pero el problema ya no se puede esconder más, ya que está a la vista de todos. Así que, se han ido desarrollando una serie de industrias para poner solución a estos problemas, y como es rentable y tiene un extenso mercado, no es de extrañar que de pronto se convierta en un asunto político, económico y social de gran importancia. Parece bueno a primera vista, excepto por el sencillo detalle que cuando el enfoque es económico todo se convierte en un negocio. La causa pasa a ser meramente un buen eslogan publicitario o un excelente discurso político.

Yo también me había creído la falacia de la política ecologista que dice que hay que salvar a la tierra, y de que esto es posible si se toman ciertas medidas sistemáticas como reciclar, reforestar, reducir los niveles de polución etc. Todas estas actividades son muy buenas, son iniciativas muy positivas, pero ¿salvar a la tierra? ¿Quién nos creemos que somos? Es verdad que hemos llegado muy lejos con la ciencia y la tecnología. Hemos enviado naves al espacio y clonado células en un laboratorio. Quizás nos hemos enaltecido demasiado y se nos haya olvidado que nosotros, a pesar de nuestra capacidad creativa, no somos los creadores, ni los autores, sino que hemos sido concebidos y creados no por seres humanos, sino por una fuerza mayor. Somos actores sobre el escenario pero tendemos a pensar que estamos dirigiendo la obra. Es por eso que hoy día el hombre es exaltado en todos lados y en todas las áreas, en el arte, la arquitectura, la ciencia… La gloria del hombre y su alta sabiduría nos está llevando a una situación límite con el medio ambiente, y peor aún, a la degradación espiritual. Parece que ha construido sobre un mal fundamento.

Todas las naciones fueron forjadas a raíz de sangrientos conflictos bélicos, y la prioridad política de los países es proteger y aumentar su bienestar económico. La buena noticia para los que estamos metidos en el negocio de lo ecológico es que es muy probable conseguir una sociedad que recicle y use energías renovables, se dedique a la agricultura ecológica y la bioconstrucción, etc. Pero nunca será sostenible mientras se construya sobre los mismos cimientos del sistema establecido, ya que el problema es más profundo que el tema del medio ambiente. El problema radica en el egoísmo, la envidia, la avaricia, el orgullo, las iniquidades del ser humano que nos dividen, nos llevan a señalar a los demás con el dedo, las que hacen que dos niños de tres años se arranquen los pelos por un juguete, las que hacen que los matrimonios acaben en divorcio, y en definitiva las que llevan las naciones a la guerra, este es el problema. Hay un dicho que dice: “una casa dividida no se sostendrá”. Es cierto que necesitamos una vida sostenible, pero para que se sostenga tendrá que tener otro fundamento, uno que haga que estemos los unos por los otros y no contra los otros.

En mi decepción con la lucha ecologista, aposté por retirarme a las montañas a vivir una vida “sostenible.” Llegué a un lugar donde había gente con las mismas ideas y objetivos que yo: vivir de la tierra de forma autosuficiente. Hicimos huertas, teníamos animales, fabricábamos nuestras viviendas, teníamos energía alternativa, compost toilettes y reciclábamos. Aquello era el modelo de vida alternativa y de eco aldea al que muchos aspiran. Un proyecto con las mejores intenciones que tardó unos nueve años en forjarse, y tan solo uno en derrumbarse. Una vez más la vida me demostraba que el hombre es capaz de ir muy lejos con su propia sabiduría, pero algo que no puede hacer en sus propias fuerzas es llevarse bien con su prójimo. Hemos subido montañas queriendo tocar el cielo, y cuando hemos llegado a la cima nos hemos dado de narices.

Aún y todo, los que escribimos este panfleto, no quisimos tirar la toalla, sabíamos que en algún lugar tenía que haber una montaña que fuese verdadera, con una vida realmente sostenible que no nos iba a decepcionar. Anhelábamos poder tener absoluta confianza de que no nos estábamos equivocando.

Cuando encontramos esa montaña, lo supimos porque los que habían llegado a la cima tenían un gozo real y amor genuino unos por otros, viviendo una vida diferente, en armonía y paz. Por eso seguimos aquí, y no queremos ir a ningún otro lugar. Ese amor con el que estamos aprendiendo a construir, produce paz y unidad, donde las personas comparten todo lo que tienen con alegría en el corazón.

La mayor forma de amor es la de aquel que da su vida por sus amigos. ¿Qué otra cosa en el universo merece ser sostenible para toda la eternidad? Te invitamos a que lo veas por ti mism@.

Hola mi querido amigo,

Te escribo para saber si aún recuerdas nuestra lucha, ¿te acuerdas? O ¿tal vez te has olvidado? Queríamos combatir la maldad del hombre en todas sus formas. El egoísmo, el odio, la falsedad, la violencia, el maltrato, la tristeza, la injusticia y tantos otros.

Sí amigo mío, era una larga lista de una naturaleza humana caída que deseábamos transformar. Queríamos ser parte de un ejército que trajera paz, queríamos ser soldados del amor, aunque en el fondo de nuestros corazones y mentes todo parecía perdido. ¿Lo recuerdas mi querido amigo?

Te lo pregunto porque he encontrado un lugar donde se construye este ejército. Un lugar donde el soldado se rinde al amor, y lucha por servir a su prójimo. Sí, ya sé que nosotros queríamos protestar a gritos en las calles y organizar revoluciones contra el sistema establecido, pero esto sólo alimentaba el mal que domina a los hombres. Quiero hablarte de una armada dispuesta al amor y también a la obediencia a un rey. Un rey que amó más allá de la conciencia y la justicia de los hombres.

Un rey que dio su vida para enseñarnos a luchar por su causa. Mi querido amigo quiero decirte que ya no vivo de ilusiones y sueños, que hay lugares en la tierra donde doce tribus crecen para establecer una nueva cultura de amor y paz, el ejército que merece el rey verdadero.

¿Nuestra lucha? Vivir sin miedos para hacer la voluntad del Creador. ¿Su voluntad? Que nos amemos los unos a los otros como nuestro rey nos amó.