Yahshua - El hombre

Hubo un hombre cuya vida fue como el paso de un cometa: breve e intensa.¿Quién era? Nunca brilló una luz como la que irradiaba este hombre. Sus palabras afectaron profundamente a aquellos que las escucharon. Algunos abandonaron sus casas, familias, trabajos y posesiones para seguirle. Otros se ofendieron, odiaron su mensaje y tramaron su muerte.

¿De qué hablaba este hombre que causó tanto revuelo? Proclamó buenas noticias: que si crees en Él y obedeces sus palabras, conocerás la verdad, y la verdad te hará libre. Libre del egoísmo, libre de todas las cosas que hacemos que nos destruyen y destruyen las vidas de los demás. ¿Puedes imaginarte? Los que estaban hartos de vivir como esclavos, sufriendo los efectos del pecado, la soledad, la degeneración progresiva de sus almas y cuerpos; los que sabían que tenía que haber algo más en la vida que envejecer y morir, algo más que pagar las consecuencias del desorden, los que anhelaban ver algo puro, hermoso, integral y santo en la tierra, esos recibían esperanza.

Era un hombre sencillo, como un niño. Escuchaba a la gente cuando le hablaba. Sus oídos percibían las aflicciones de los corazones y Él respondía con la verdad. Le entristecía ver el corazón humano endurecido, lo poco que se preocupaban unos por otros, el desprecio por el débil... y le dolía ver que los hombres habían sustituido, por ritos y tradiciones, la relación personal con Dios. Se mantuvo puro toda su vida. Podía mirar a la gente a los ojos con amor sincero y comprensión y hablarles con valentía la verdad, simple y directamente. No le gobernaban caprichos egoístas ni se dejaba llevar por los estándares del mundo, la influencia de las modas y las corrientes que arrastraban a tantos. Su satisfacción y placer venía de llevar a cabo las obras que su Dios le había encomendado.

No era un hombre complicado, no era difícil seguir lo que hablaba y nadie tenía que ser un genio para ser su discípulo. Vino a inaugurar un nuevo Israel, una nueva sociedad libre de la maldición. Aunque era Hijo de Dios no se aprovechó de ello sino que caminó como hijo de hombre. Pasó hambre, sufrió y aguantó pruebas como hombre. Sufrió lo inimaginable.

Ha sido y es víctima de una gran campaña que distorsiona su imagen. Su sorprendente mensaje y sus mandamientos han sido intelectualizados con un millón de palabras vacías, todo para no obedecerlos. Le hemos perdido de vista en el polvo de una oleada de estampitas de santos y relicarios. Toda esta distorsión le ha hecho irreal para la gran mayoría. La deformación de su imagen ha distorsionado su nombre también. A pesar de toda la injusticia que trata de suprimir la verdad, Él cumplió su misión. Se hizo hombre y vivió como tal para identificarse totalmente con nosotros y cargar con nuestra culpa, para llevársela a las regiones más profundas de la muerte. La calidad de su vida fue tan pura que la muerte no pudo vencerle. Su muerte y resurrección abrió la puerta a una alianza de vida y paz con nuestro Creador.

De los que se sienten conmovidos al escuchar su palabra dice: "Estas son mis ovejas que escuchan mi voz, la reconocen y me siguen". Él es el Buen Pastor.

La vida que Él estableció no tiene fin, es eterna y un día va a llenar la tierra y luego todo el universo. A pesar de todo lo que escuchamos en el pasado, ahora sabemos que su nombre es SALVACIÓN.

Así le llaman los que Él está reuniendo para formar su pueblo. Su nombre es Verdadero

 

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